domingo, 29 de marzo de 2009

arte y abstracta verdad

Dicen que debo escribir sobre el "valor" del arte. En base a subastas de artículos redundantes, tales como calaveras con diamantes incrustados, gambas gigantes de metal, agujeros en paredes, etc. Quizás la obra de arte más discutida de estos últimos tiempos es "Exposición nº1", de Guillermo Vargas, consistente en un perro moribundo delante de la frase "eres lo que lees" escrita con alimento perruno. Por supuesto es transgresor, es rompedor, es idiótico. Pero aparte de todo eso, y también de la evidente crueldad por parte del discutido Vargas, ¿es eso arte? ¿O acaso es una descomunal pérdida de tiempo? Sin duda si retrocedemos unas pocas décadas nos podemos topar con el momento en que se rompió la estética en favor de las sandeces. No me refiero a las vanguardias de principios de siglo XX, interesantísimas y seminales la mayoría (y la fuente de Duchamp permanece intocable en su carácter quejoso), ni al decadentismo del arte, necesario y natural en el contexto de la modernidad, sinó a la reducción post-60s de la calidad artística en favor del NOMBRE. Es todo un circuito de billetes y apellidos, una competición del absurdo. El mismo Warhol era plenamente consciente de ello, hasta se regocijaba en esa arbitrariedad artística; parafraseando, "un billete de quinientos dólares, equivalente a una suma de quinientos dólares - pero si firmo en él, cuánto pasa a valer el billete de quinientos dólares?". Citaré a otro Vargas, ahora el estimable y carca Mario Vargas Llosa, violento contra gente de la calaña de Damien Hirst:

Yo estoy convencido de que las mariposas muertas, los frascos farmacéuticos y los animales disecados de Hirst no tienen nada que ver con el arte, la belleza, la inteligencia, ni siquiera con la destreza artesanal, pero no tengo manera alguna de demostrarlo. Como hemos renunciado a los cánones y a las tablas de valores en el dominio del arte, en éste no hay otro criterio vigente que el de los precios de las obras de arte en el mercado, un mercado, digamos de inmediato, susceptible de ser manipulado, inflando y desinflando a un artista, en función de los intereses invertidos en él. ("Tiburones en Formol", El País, 04-10-2008)

El señor Vargas Llosa suspira por los tiempos helénicos y llora delante del carnaval grotesco en que se ha convertido el mundo del arte (o quizás el mercado del arte). Muy poco intransigente por su parte, pero creo que todos demostramos, ligeramente, cierto escepticismo delante de las sumas astronómicas que se barajan por cualquier ridículo objeto kitsch. Puede que debiésemos utilizar un neologismo, una nueva palabra para designar este tipo de trapicheo. "Pseudoarte" seria un término demasiado naïf; en esta época reivindicante del "todo vale, todo está permitido" cada uno, cada persona construye lo que considera como "arte". Es una bonita revolución contra las academias y los protocolos, conta las líneas y los puntos. Pero lo más curioso es que no forma ya parte de la periferia, derridianamente hablando, no está en los márgenes, sinó que protagoniza el mismo núcleo de la estructura - y las formas clásicas son observadas con asco y tedio. Lyotard habla, en su obra elemental La Condición Postmoderna, del fin de las metanarrativas en la literatura; o por lo menos, de la creciente incredulidad hacia ellas. "Metanarrativa" entendida como gran tema, conceptual, un espectro temático sobre el cual versar - una de esas metanarrativas es por supuesto el arte. El arte ya no existe, al menos no tal como se contemplaba hace cien años. ¿Quién podría reivindicar la grandeza del arte moderno sin ser sujeto de burlas y amenazas? El arte como ideal de percepción está muerto y enterrado. Claramente la postmodernidad nos muestra que no se puede reducir el "arte" a una serie de aspectos o cualidades. Delante de la duda de qué define la apreciación estética, Wittgenstein tenía claro que no se podía asumir una única explicación o respuesta; la estética es una muy complicada familia de casos. No hay en absoluto un elemento común que unifique todas nuestras experiencias estéticas. Por lo tanto, de nada sirven las teorías y explicaciones. Es posible que investigaciones científicas y estudios nos permitan saber qué es lo que la gente encuentra "bonito", pero no conocer por qué lo es.



En fin, si proseguimos por ese camino acabamos cayendo en el horror del relativismo, tan criticado a los post-estructuralistas. El final del arte, el final de la historia, el final de todo, típicos apocalipsis por parte de niñatos postmodernos. No obstante, creo íntegramente en la construcción subjetiva del ideal estético, que considero más que evidente. Me gustaría hablar brevemente del último filme de Takeshi Kitano, Achilles and the Tortoise, que trata precisamente sobre el mundo del arte. El cineasta nos cuenta la historia de un pintor constantemente fracasado en su carrera contra una tortuga que nunca alcanza, sea esta el Ideal, la Verdad, el Éxito, etc. A través de los años, intenta adaptarse a los modelos, a las tendencias, a las innovaciones, siendo rechazado por la sociedad y el circulo de entendidos. Una de las escenas finales nos presenta al pintor, interpretado por el mismo Takeshi, quien, desesperado en su experimentación, intenta pintar la conflagración de una cabaña, estando encerrado dentro. Acaba mal el asunto, pues casi muere incinerado. Cansado y solo, se tropieza con una lata rota y vieja. Se planta en medio de una avenida con la lata y un letrero de "1.000.000 yenes" al lado de ella. Pasa una pareja de jóvenes; el chico se exclama indignado ante tal precio; ella, misteriosamente, comenta que, aun y el precio, mola bastante el aspecto de la basura. Y es que precisamente, al fin, todo se reduce a una broma de mal gusto - pero que puede llegar a atraernos, de algún modo, extrañamente, sin poderlo controlar... y si la broma lleva firma, más coherente sea su prostitución.

No podría acabar un comentario sobre las maldades del arte sin mencionar a Bernhard, por supuesto, especialmente en sus últimos años, cuando el torrente de negatividad y escepticismo más se le acentuó: odio hacia la gente, la sociedad, los críticos, los artistas, el ARTE. El arte como la prueba de un constante fracaso (Beckett decía, "fracasa de nuevo, fracasa mejor", lema muy aplicable al filme de Kitano), el arte detestable como concepto; o eso parece pensar Reger, el irado crítico musical que protagoniza la novela Maestros Antiguos. Cerraré con sus propias palabras.

[...] poco importa cuántos grandes espíritus y cuántos Maestros Antiguos hayamos recogido como compañeros, no pueden reemplazar a nadie, al final nos abandonan estos supuestos grandes espíritus y estos supuestos Maestros Antiguos, y vemos que se están burlando de nosotros de la forma más vil, estos grandes espíritus y Maestros Antiguos [...]

jueves, 19 de marzo de 2009

Noir de Monde

Falleció el pasado sábado (14 de marzo) uno de los más importantes estandartes de la chanson française, Alain Bashung, justo cuando se encontraba en la cima de la montaña. Desde finales de los setenta ha sido un habitual en tiendas de discos, consiguiendo que diversos de sus álbumes, especialmente los más recientes, llegasen al número uno de las listas de ventas en Francia. Su lucha contra el cáncer le forzó a cancelar fechas de sus últimas giras, pero siguió al pie del cañón hasta el final, intentando permanecer sobre el escenario incluso en los momentos más duros (las candilejas como energía vital) - y su último álbum Bleu pétrole resulta ser una despedida más que digna. Unos dias antes de su fallecimiento había recibido tres preimos Victories y una standing ovation que le emocionó profundamente; el uno de enero de este mismo año recibió una de las condecoraciones más prestigiosas, fue investido chévalier (caballero) de la Légion d'Honneur.

Aunque tradicionalmente encuadrado dentro de los confines de la chanson-pop, ciertamente la obra de Bashung excede a esa clasificación (flirteando con el rock y la electrónica), especialmente sus últimos trabajos, más experimentales y más alejados de la comercialidad de sus primeros hits. Me gustaría centrarme, precisamente, en su álbum final y en L'imprudence, disco de 2002 que probablemente sea su magnum opus, un viaje musical considerablemente devastador. Ese disco parece indicar el interés aventurero de Bashung en el otoño de su vida. Conjura una atmósfera oscuro de calles vacías, nocturnas, trágicas; un recital de palabras pesimistas y misteriosas. Bashung como flaneur poético, su alma infestada por un spleen sombrío. Canciones deliciosamente trip-hop - como "Tel", que abre el disco, o "Faites monter", que mezcla electrónica con instrumentos tradicionales y letras intrigantes ("faites monter l'arsenic, faites monter le mercure"). No obstante, no sacrifica la melodía en favor del ambiente, como puede suceder en este tipo de música, de campos de emoción efímeros. Frecuentes son los violines balsámicos, la harmónica solitaria, momentos de belleza suspendida ("Je me dore"), de evocación onírica ("L'irréel") y de ruido cargante ("La ficelle"). Scott Walker probablemente debe de estar orgulloso. Contemplando el éxito personal y general de L'imprudence, resulta enternecedor observar como en su ofrecimiento último, Bleu pétrole, Bashung vuelve a sus raíces folk. Aunque los elementos electrónicos siguen presentes en algunas de las piezas, predomina el country/pop y el blues minimalista - abandonadas las construcciones ambientales abrasivas. La voz del músico permanece claramente marcada por la edad y el cáncer, muy machacada (no memorable como la de Chet Baker o Nougaro, entre otros), especialmente dudosa en su versión de "Suzanne" de Cohen. Pero como testimonio de una carrera, es significativamente entrañable.

En síntesis, que viva Brel, y que viva Bashung... j'amais d'autre que toi.


martes, 10 de marzo de 2009

Cortázar en el laberinto borgesiano

A los 25 años de la muerte de Cortázar, cumplidos el mes pasado, me gustaría investigar, brevemente, las relaciones que mantiene el escritor con su compatriota Borges; caminos que quizás se cruzaran, pero que no compartieron realmente un lugar común. Lo que sigue es meramente mi opinión al respecto. Jorge Luis Borges escribió muchos cuentos en los cuales el centro de la narración era algún laberinto físico, mental o simbólico. Estos laberintos sirven para envolver al lector y al los personajes en un mundo que nunca acaba. También los cuentos de Borges demuestran ser analíticos en los cuales todo se investiga y a todo se le busca una razón de ser. Si un crítico le atribuyera a Borges alguna influencia sobre los cuentos de Cortázar diría que los cuentos de éste son una rebeldía en contra de las ideas de Borges. Borges exponía muchas ideas en sus libros, como el miedo al espejo, y Cortázar enfrentaba estas ideas y las dominaba creando así diferencias entre los dos. Borges le temía a los espejos porque estos eran capaces de en una copulación hipotética y así crear nuevos seres.

Cortázar mezcla la realidad física y la realidad mágica en una sola y no podemos discernir cual es cual lo que nos lleva a dudar de nuestra propia existencia. Borges nos lleva a creer que existe una verdad a nuestra realidad de la cual no estamos al tanto, como sucede en Tlón, Uqbar, Orbis Tertius. Cortázar nos dice que la realidad en verdad no existe, que todo es una mezcla de sueños y espíritus y que 'la vida es un sueño' como sucede en La noche boca arriba y La casa tomada. El elemento que se puede notar que ha influenciado a Cortázar es la idea de los laberintos. Mientras que Borges usaba los laberintos para crear situaciones de búsqueda, Cortazar los usa para darle un toque de ambigüedad a su cuento. Para Borges el laberinto es el elemento que hace girar la historia y para Cortázar el laberinto es el elemento en donde la historia va entretejida.

Puede argumentarse que Cortázar toma los temas de Borges y los cambia a su manera para adaptarlos a sus ideales. Entre estos dos autores ocurre un intercambio de ideas muy singular que consiste en la distorsión de las ideas de Borges. Cortázar se rebela ante las ideas de Borges y las adopta como en forma de desafío quizás. Lo que podemos notar es que la manera que Cortázar estructura sus cuentos es bastante diferente a la de Borges, pero los temas que usa tienen huella de Borges impresa en cada palabra. En cuanto a la parte de la obra cortazariana que corresponde a la misma epoca, no hay -que yo sepa- evidencia de textos que tematicen de manera explicita el mito o la figura del laberinto. Sin embargo, es bien conocido que desde los primeros comienzos de su carrera Cortazar mostro interes por la mitologia y por los temas clasicos en general. Con la publicacion de Casa tomada en diciembre de 1946 asoma por primera vez -a traves de una arquitectura extravagante, la presencia monstruosa y la figuralidad del hilo y del tejido- la figura del laberinto en la obra cortazariana. Pero la inscripción del hipotexto mitologico no ocurre hasta que Los Reyes se publica en Los Anales de Buenos Aires, casi un año mas tarde.

martes, 3 de marzo de 2009

Merzbow, pintar el ruido

Escuchando una de las últimas obra del experimental japonés Merzbow, "Hodosan", resulta inevitable reflexionar sobre el centenario futurista del que tanto se ha hablado estos últimos días. ¿Es Masami Akita (individuo-sombra detrás del apodo Merzbow) político en algún sentido, o intenta incinerar museos? Lo segundo aún está por descubrir, dado su debatido "terrorismo sonoro", pero sus collages de distorsión y drones no parecen ser precisamente reivindicativos, o aún menos sociales. Si bien sabemos que el artista se licenció en la universidad de Tamagawa, cursando la carrera de Teoría del Arte; es también escritor de ensayos sobre diversidad de materias, entre ellas la pornografía, los derechos animales o, precisamente, música avant-garde. Por tanto, tenemos a un culto investigador del arte de la improvisación - "Hodosan", la pieza mencionada, nos presenta un Akita violentamente ruidoso, brutal, dando vía libre a las válvulas y al feedback, sin descanso. La acumulación de clavadas sónicas, de capas de sonido granulado y descontrolado, llega a clímaxes muy merzbowianos. Resulta ser muy interesante, pero, ¿por qué un desfile de ruidos aparentemente fragmentarios y oscuramente insistentes puede despertar interés alguno, por no decir ya fascinación? Akita es el hijo bastardo de la era industrial: aunque su principal preocupación siempre ha sido la relación entre el RUIDO y el SILENCIO, ciertamente podemos notar tintes de estilos musicales diversos en sus panoramas ruidistas; los sintetizadores vigilantes de "Aki Meme", los ritmos percusivos de "Antimonument", las atmosferas terroríficas y metaleras de "Venereology", el minimalismo atronador de "Akasha Gulva", etc. Por tal de entender los drones, no podemos aplicar una lógica musical basada en la melodía, aunque la puedan contener. Es popular la afirmación que sin los Beatles, no podríamos tener hoy día artistas como Sunn O))), pero por supuesto eso es un error. Las dos escuelas se erigen sobre supuestos absolutamente distintos, por mucho que se crucen.

Merzbow es un caso perdido para muchos, un obseso de la traca imposible de ser escuchada, inaguantable, pero muy inteligentemente cuela alteraciones, matices dentro de esos truenos sónicos, creando sutilmente su propio arte del ruido. Y aquí debemos considerar, por supuesto, a Luigi Russolo, futurista y primer ruidista de la historia, quien escribiera precisamente un texto llamado "L'arte dei rumori", es decir, el arte de los ruidos. ¿Qué separa la reflexión del italiano de las bombas sónicas de Merzbow? Casi cien años de experimentación - período en el cual podemos (y de hecho, debemos) relacionar y remarcar la presencia de teóricos del ruido como John Cage, Pierre Schaeffer, David Tudor, Hugh Le Caine y más tarde contemporáneos de Akita como Nurse With Wound o Hanatrash y toda la escuela ruidista japonesa de los noventa, pero para nada ninguna figura del rock - hacia una mayor apertura del acceso a grabaciones de ruido. Russolo decía en ese revolucionario pseudo-manifesto que los ruidos movían la cultura y las masas, quería incorporar la belleza del ruido industrial a la estética de la música; pensaba en un futuro plagado de ruidos, de máquinas ruidosas, integradas con la cotidianidad más immediata. Comprendía bastante bien nuestra relación incómoda con el ruido, aunque constataba que acabaríamos acostumbrándonos a su incesante celeridad - pero sigue causando una resistencia, por tanto imposiblemente entrará dentro la normalización de la música de masas, ¿pero acaso no es social, política, ni que ligeramente, esa resistencia? ¿No es un producto del juicio que supone la anormalidad del ruido como algo "escuchable"? Por supuesto el reto del ruido se basa en su dificultad de comprensión - no puede ser experimentado de manera controlada, relajada, es un ataque constante a las orejas, hasta un punto en que no sólo se escucha a través de ellas. Porque es una liberación; la pérdida del sentido en buscar inicio y final, en constatar una estructura, en organizar el sonido mediante el pensamiento. Y por eso mismo, pide al oyente mucho más de lo que está habituado; le pide encontrar alegría en esa pérdida. No hay repeticion, no hay crescendo - es un contínuo infernal. Y a veces, el silencio.

Merzbow, por supuesto, es todo esto. Tendrá sus variantes, sus vertientes más psicóticas o abrasivas, pero entiende las divagaciones de Russolo. Podemos entender diversos de sus "álbumes" como eclipsantes máquinas de ruido, con fugas y fracturas, pero funcionando a todo vapor - la dinámica de la industria, de los vehículos; atributos de futurismo puro. Esos edificios de distorsión magna son, además, pura FORMA, sin discurso coherente o exacto. Aunque precisamente algunos de los álbumes suponen comentarios de Akita sobre el mundo, como "Dolphin Sonar" (también de 2008), sobre los derechos animales, nunca los ilustra con contenido lírico discursivo - quizás protesten, pero simbólicamente (la forma como motor, otro principio futurista). La destrucción, el silencio - conceptos que vienen a la cabeza al escuchar Merzbow. Aunque nos presente un material altamente complicado de leer, el esfuerzo supone acceptar el ruido como lugar común. Lo que el futuro hará del ruido aún está por ver, pero su potencial lleva ya cien años de incubación, y su predisposición a las masas cada vez resulta menos improbable.